Mientras me miras intento ofrecerte mi mejor sonrisa. Creo que lo más que puedo darte es una mueca falsa, que muestre mi dentadura y mi cara más amable. Sé que no puedo esconderte mis defectos, pero por lo menos debo intentar disimularlos. No tenemos mucho tiempo para vernos, de modo que si te hicieras una mala imagen de mí ya nunca la olvidarías, y eso me da miedo. Porque entonces la ilusión que construyo de la mejor versión de mi mismo se desmoronaría en tu memoria implacablemente. Y yo me sentiría mal por no haber aprovechado nuestro momento, aun sabiendo que no es mi culpa, que no puedo ofrecerte nada más. Me gustaría que pudieras observarme de mil maneras y te quedaras solamente con la que te gustase más, pero sé que eso no es posible. Tendría que eclipsar mis puntos más oscuros con mis encantos, incluso por medio de artificios, hasta que me vieras como alguien perfecto para ti; mas la perfección no existe. Así que si no logré conquistarte anteriormente, cada vez será más difícil que eso ocurra en un futuro. Porque tu no puedes verme con otros ojos.
Aquel imbécil que sigue detrás tuyo se ríe de mi, y lo pasa bien observándome. Va dando vueltas a mi alrededor para poder captar mis reacciones a cada instante, sacando una foto tras otra, y sugiriéndome distintas poses como si acaso yo fuera modelo de revista. Reconozco que nunca fui fotogénico pero quiero probarme una vez más; todavía me queda algo de vanidad. Luego veremos el resultado y nos reiremos los dos; sin embargo, para mis adentros, todas estas fotos me harán recordar que no soy esa imagen impecable que guardo en mi imaginación, sino que todas aquellas instantáneas, tanto las de “aquí sales guapo”, como las de “mira que cara has puesto”, o las de “como puedo salir tan mal”, son la única realidad física que todo el mundo, menos yo, puede apreciar y juzgar objetivamente sobre mi.
0 Responses to “la imagen que tienes de mi”