Archive Page 2

las entradas más banales de los blogs

A menudo miro hacia atrás en mi blog y veo entradas que no me convencen, o que borraría sin demasiadas contemplaciones. A veces paseo por blogs y encuentro entradas que hacen que te preguntes: ¿por qué ha escrito esa mierda? o ¿cómo se ha molestado en colgar un post por eso? o ¿y a mí que me importa?. Siempre llego a la misma conclusión, y es que un blog ante todo debe servir para uno mismo: a modo de recordatorio de lo que ha hecho y opinado a lo largo del tiempo, para mantenerse en contacto con sus amistades, conocidos/as y saludados/as, o simplemente para desfogarse un rato escribiendo.

La gente los escribe por amor al arte, en su tiempo libre, y sin ninguna compensación en la inmensa mayoría de los casos. Realmente nada obliga a que el blog esté magníficamente escrito, ni a que siempre se cuenten en él historias apasionantes. El 99′9999 por ciento de los blogs no pasarán a los anales de la historia de la literatura, y deberán conformarse con ser leídos asiduamente por unos pocos. Por todo lo dicho, creo que cada cual debería meter en su blog lo que le dé la gana y de la manera que más le plazca, sin tener que agradar necesariamente a quien se tropiece con él. A quien no le guste siempre puede dejar un comentario plasmando su opinión, o bién largarse inmediatamente por donde ha venido. Nadie está obligado a sufrir un blog, en cambio cualquiera es bienvenido a seguir leyéndolo.

cursos de verano en ambiente distendido

Estos días estuve haciendo un curso de verano en la universidad. Nada serio, un cursillo de dos semanas para convalidar créditos de libre elección. Aun así, pensaba que la gente iba a aprender, no a hacer el fistro. De cinco horas diarias, el profesor llegaba media hora tarde y hacíamos un descanso de casi media hora también. Por un lado es bueno este clima distendido en clase después de todo un curso. Pero por el otro, cuando piensas en el dinero que has pagado por estar allí recibiendo clases de la manera más campechana, la verdad es que duele un poco. No digo que no aprendiera, pero sí que se hubiese podido aprovechar bastante mejor el tiempo que duraba el curso. Como colofón, durante la última hora de clase, a pesar de haber dejado alguna parte del temario a medias, se dispuso una mesa con patatas fritas, olivas, galletas saladas, ganchitos y refrescos, y para mayor pitorreo, no sólo había cola, naranjada y limonada, sino también ron y whisky. Tampoco le puedo achacar nada a la universidad, pues quien organizaba el curso era una de las asociaciones de estudiantes. Así nos va, para que luego vayamos comparando nuestro nivel académico con el de otros países.

sin comentarios

Por cuestiones que no vienen al caso tuve que migrar este blog copiando sus entradas una por una, con la matada que eso conlleva y la consiguiente pérdida de comentarios. Alguien se echó las manos a la cabeza cuando le dije que había perdido los comentarios acumulados a lo largo de un año. No sé por qué pero para mí sólo fue un percance puramente anecdótico. Es verdad que perdí un puñado de impresiones dispares de amigos, conocidos, otros bloggers, o incluso de alguno de los mal llamados trols. Pero como dice un refrán “una flor no hace verano”, y un blog no lo hacen las opiniones manifestadas por sus lectores. Si fuera alguien tendría docenas de comentadores, pero como no soy nadie, me conformo con poco. Ya volverán algún día. Cuando empecé con el blog, hace más de un año, apenas recibiría ningún comentario (de hecho durante los primeros meses no tenía siquiera la opción de permitir comentarios habilitada). Así que, en medio de esta nada, de este silencio en el que reubico mi bitácora, me lo tomaré como si volviera a empezar.

bitácora deslizándose

Ya he cambiado de blog un par de veces. Primero pasé de un servicio de blogs a otro, y le cambié el nombre. Luego cambié de nombre otra vez. Tanto cambio no puede ser bueno. Sobretodo teniendo en cuenta que llevaba más de un año con el primero. Cada vez he perdido algunos lazos que había estrechado con otros blogs, y también he despistado a unos pocos que me leían. Eso sí, todas las entradas han viajado conmigo. Cada vez me cuesta más encontrarle sentido a todo esto, si no fuera porque lo que escribo termina formando una pequeña parte de mí.

de cuando hice puenting

Hace algunos años un buen amigo me invitó a hacer puenting (bungee jumping también lo llaman) en una especie de complejo de ocio para guiris donde él trabajaba. Nunca fui un amante de los deportes de riesgo, por así decirlo, ni tampoco había pensado en hacer puenting, pero tuve la oportunidad y la aproveché. Lógicamente uno es consciente de que hay un cierto riesgo de que las cosas vayan mal, con el peligro mortal que eso conllevaría. Así que hice el siguiente razonamiento: si algo va mal, caeré en picado al suelo, me partiré la crisma y moriré al acto. Para nada una muerte agónica y dolorosa. Eso sin contar con que las medidas de seguridad que se toman en este tipo de actividades son fuertes y que tenía confianza en los que se encargaban del chiringuito. Nada malo podía pasar, así que estaba bastante tranquilo por todo.

En el sitio tenían una torre de puenting, una gran estructura metálica con un elevador en su interior y una plataforma para saltar en la parte de arriba. Después de firmar unos papeles que ni me leí, me colocaron una especie de arnés del tronco a las piernas y subimos para arriba. Desde esa altura parecía que se divisaba toda la comarca, con el mar a un lado del horizonte, las montañas a otro, y varias poblaciones repartidas a lo largo del paisaje. Justo a nuestros pies veíamos gente chiquitica mirándonos desde abajo, y entonces ya uno empezaba a acojonarse un poco. Me ataron la cuerda elástica y otra de seguridad, y cuando estuvo todo preparado me llevaron al borde del abismo desde donde tenía que despeñarme. Aunque me dijeron que ya estaba todo listo, yo volví a preguntarles si no faltaba nada, si estaba todo en su sitio, porque no quería saltar antes de tiempo y desnucarme alegremente.

Todo apunto, me coloqué en el borde y cuando hubieron contado hasta tres me tiré de cabeza al vacío sin pensármelo. Sin pensármelo pero con el pulso acelerado porque precipitarse libremente al vacío desde una altura considerable no se hace cada día. El aire contra la cara, la impresión de volar, ver el suelo acercándose velozmente, la descarga de adrenalina, fueron algunas sensaciones que tuve en esos momentos. La caída se fue frenando progresivamente por efecto del elástico, y reboté hacia arriba, los volví a ver a ellos encaramados a la torre, volví a caer… y así fui rebotando desde las alturas hasta que la oscilación se hubo amortiguado. Todavía colgado patas arriba, me fueron bajando lentamente hasta el suelo, me desataron, y volví a pisar tierra firme.

encerrado estudiando para un examen

Llevo más de dos días estudiando para una asignatura con unos apuntes que tenia fotocopiados. O al menos intentándolo, porque me debe haber cundido como uno: todo el día encerrado a uno se le va la perola. Las ecuaciones más barrocas e incomprensibles se me antojan como torturas psicológicas en vísperas del examen. Mi única esperanza es llegar a alcanzar un punto de masoquismo tal que pueda seguir deglutiendo apuntes durante horas, cual gusano de seda comiendo hojas de morera en su caja de zapatos. Y repetir el ciclo una y otra vez, examen tras examen. Y aprobar, porque sino después de todo solo habría estado haciendo el capullo.

rancho de alubias

En mi breve epopeya culinaria he tenido bastante fortuna en general: esas lentejas, ese pollo a la crema de champiñones… Sin embargo hoy, después de tirarme tres horas en la cocina preparando una suculenta olla de alubias, he acabado obteniendo en su lugar una masa compacta de gran valor nutritivo, por mencionar algo positivo de tan desastroso mejunje. Cuando en la cocina sale mal algo que han preparado otros, es muy fácil criticar, hacerte el despistado y prepararte tú otra cosa, o perder de repente el apetito. Pero cuando tú te lo guisas, tú te lo comes.

A continuación repaso el fallido procedimiento que he seguido. Primero había dejado las alubias doce horas en remojo. Preparé un sofrito de cebolla con pimentón rojo (mu rico), cocí unas patatas para darle contundencia al plato (la piel no es necesaria), y corté media morcilla (el ingrediente estrella), a rodajas y sin la piel para que se fundiera en una amalgama de sabor morcillesco junto al cocido. Cocí las alubias tres cuartos de hora y agregué el resto para que hiciera su chup chup media hora más. Había estado tres horas dale que te pego entre cocinar y fregar, así que le eché un último vistazo, rectifiqué de sal, y calculé unos cinco minutos extra. Al cabo de diez minutos volví: ya olía a chamusquina y no quedaba apenas agua de los dos litros con que partía.

Pude rescatar el noventa y cinco por ciento del cocido que se salvó de la quema, a pesar de conformar un rancho totalmente apelmazado el cual guardé en la nevera para degustar estos días. No creo que esto interese a nadie, sólo espero que no se vuelva a repetir.

pérdida estúpida de datos

Qué rabia da cuando te cargas algo del ordenador y no hay papelera de reciclaje que valga. A veces pasa que eliminas por ejemplo un fichero porque pensabas que tenías copia y luego resulta que no. En mi caso me acabo de cargar involuntariamente un comentario del blog, por andar distraído y hacer clic donde no debía. Las consecuencias del descuido han sido mínimas, podría haberme cargado una entrada o el blog entero, pero hay que ver la cara de tonto que se me ha quedado. Y eso que no soy partidario de borrar los comentarios, porque es bonito hasta que te insulten. El fallo podría haber sido mucho peor, como cuando instalando una versión arcaica de linux, sin tener ni idea de como iba el tema, me cargué todo el disco duro. Tuve un pequeño trauma porque no tenia copia de nada. Han pasado ya muchos años y uno aprende, pero a pesar de todo siempre hay percances. Esta vez no he enloquecido como el niño alemán loco. Algún “mecagonlaputa ostia joder que gilipollas” sí se me habrá escapado. No pasa nada. En fin Serafín…

parrafadas en blogs

La vida moderna pasa deprisa, va a tope, y nadie tiene demasiado tiempo de pararse a leer largas historias, reportajes exhaustivos en la prensa, ni entradas extensas en blogs. Tampoco ganas de emplear las neuronas para razonar más de la cuenta después del trabajo. Es por eso que se tiende a tirar de titulares, de resúmenes de noticias o de noticias escuetas en prensa gratuita, quedándose así en lo superficial, a fin de intentar abarcar más información en menos tiempo.

Quién lee blogs puede estar pendiente de veinte o treinta a la vez, y leer a lo mejor una decena al día. Es por eso que a veces se agradece una cierta brevedad en las entradas que los bloggers publican en sus bitácoras. “Ahora no tengo ganas de leer” es un comentario frecuente en vista de largas parrafadas que uno se puede encontrar por allí. Es pesado a veces tener que leer en la pantalla de un ordenador, en que además se van generando diversas ventanas para repartir distintas tareas o separar fuentes de información, para cada una de las cuales se dedica poco tiempo o quizás menos del deseado.

Cuando alguien visita un blog, sino tiene en éste un interés específico, es probable que automáticamente eche un vistazo a alguna de sus entradas y si su extensión le parece desproporcionada, la rechace al instante. O que empiece a leer pero abandone a la mitad por resultarle un coñazo y tener cosas mejores que hacer. “Lo bueno si breve dos veces bueno” es un dicho que aplica bastante bien a una blogosfera que cada vez esta más saturada de nuevas páginas. Sacrificar profundidad por algo más liviano y superficial puede parecer una frivolidad, de hecho lo es, pero también es cierto que aquí los unos no están por escribir tratados de filosofía ni los otros por leer terribles parrafadas anónimas.

niños en la discoteca

Me he encontrado esta tarde, pasando cerca de una discoteca a la hora de la merienda, decenas de adolescentes esperando fuera a que abriesen sus puertas. Los niños correteaban y jugaban a fumarse porros. Las niñas se lucían con el talante de un pavo real, bien coloreadas y peinadas, prietas con su camisita y su canesú. Formándose corrillos, cuchicheando, iban desfilando mientras consumían alegremente unos cigarrillos. Eran niños en plena edad púber, los teenagers de hoy en día. Persiguiendo ansias de lucimiento, siguiendo prematuros ritos de apareamiento, o sencillamente congregándose como ovejas. Una vez dentro, desplegarían sus coreografías, que bailarían hasta la extenuación. Miradas inocentes de lujuria, presumiblemente hacia el sexo opuesto. Y tomarían refrescos de naranja y pepsicola. La muchachada saliendo de marcha a las seis de la tarde. Las discotecas haciendo caja en sus horas muertas a la par que creando nuevos adeptos, y los chavales contentos. Yo a su edad no hacía eso. Dichosa juventud.

desayuno con cereales

Quiero romper una lanza por los cereales del desayuno bien remojados en leche. Lo que se conoce como cereales, es decir los Kellogg’s en general, que es de suponer que estén hechos de buenos cereales transgénicos enriquecidos con ocho vitaminas y hierro. A saber, los Corn Flakes, Smacks, Frosties, Choco Krispies, Rice Krispies, Chocos y Chunky Friskis, llamados por su marca o también genéricamente cornflakes. Ricos copos azucarados, chocolateados o bañados en miel, para comenzar el día con mucha energía.

Pues bien, el fabricante se jacta en la información de la caja de que sus cereales son crujientes, crujientísimos, de lo más crunch. Y yo voy, como mucha gente, y los remojo bien hasta que quedan blanduchos, amarados de leche, suaves al paladar. Es que no me gusta tomarme mi bol de leche con unos pedacitos de maíz disecado y textura cartoniana. Los copos deben fluir en armonía con la lecharada, es decir jugosos. Sé que eso a mucha otra gente le parece un sacrilegio, pero claro hay gustos para todo, esto es otro eterno debate del orden del Nesquik versus Colacao, que tampoco se ha comentado nunca…

Una sola vez compré una caja de All-Bran Extra Fibra, y nunca más, demasiada fibra para mi gusto, tanta que parecía que estuvieras comiendo paja para caballos, imposible de tragar; me comí medio bol y el restó los tiré por el báter, como no podía ser de otra manera. Sí me chiflaban en cambio los Splitz de Kellogg’s, que llevaban mucha fibra porque eran básicamente hilos de trigo enrollados sabiamente sobre un núcleo de uvas pasas, y eran un poco más caros pero una delicia; nunca más los he vuelto a ver en las tiendas, craso error del señor Kellogg.

Y recuerdo con lástima que cuando era niño cambiaba a veces de cereales según el juguetete que trajeran de regalo. Hay que ver lo cabeza hueca que era yo, y como nos la llenan lo señores del marketing, por llamarlos de alguna manera. Siempre fui un ávido consumidor de Kellogg’s, sin embargo últimamente le doy más al muesli, debo estar haciéndome mayor.

belleza de Scarlett Johansson y Penélope

Próximamente se rodará en Barcelona una nueva película de Woody Allen, que contará nada menos que con Scarlett Johansson, Penélope Cruz y Javier Bardem. Sin duda las dos actrices están actualmente en lo más alto del panorama jolibudiense. No entraré a comentar sus dotes interpretativas, que más o menos las deben tener estando donde están, pero sí brevemente su éxito a nivel de imagen.

Scarlett Johansson, protagonista de diversas campañas de moda y cosméticos a nivel mundial, no es precisamente una belleza clásica, con esa nariz apayasada, esa boca de asco y su baja estatura. Sin llamarla fea, que tampoco lo es, sería más bien el caso de una chica resultona, a las manos de los mejores modistos, maquilladores y asistentes de imagen. Penélope Cruz tampoco destaca especialmente por su físico; podría estar trabajando de pescadera o sirviendo mesas en un bar de carretera, sin que nadie se percatara de su supuesta belleza sin igual, más que algún que otro macho en celo. Así pues, la industria del cine y los medios crean estos mitos vivientes a su antojo. Las etiquetas de chica Allen o chica Almodóvar les otorgan un elevado status, independientemente de su buen hacer.

Chicas del montón logran convertirse en divas, en iconos sexuales que copan todos los rankings de elegancia y morbo, además de portadas en revistas que las muestran desfilando sobre alfombras rojas. Cada semana una distinta. Esto no es lo que era, y tanto las revistas como los estudios cinematográficos ya pueden decir misa. El glamour se lo coman con patatas. Que decaiga el nivel de los mitos eróticos no es malo, si así nos dejamos de tanta tontería. A lo mejor las curvas de la Johansson pueden hacer que disminuya la tasa de chicas que se echan a perder por la anorexia o la bulimia. Es que ya de por sí todo es muy subjetivo y cultural. A ver qué tienen aquellas que no tengan otras.

forzados a emigrar de Windows

Microsoft ha dado recientemente dos golpes maestros para que muchos usuarios de ordenadores se planteen seriamente abandonar su sistema operativo Windows XP.

La pasada semana apareció en muchos ordenadores, previa actualización de Windows, un mensaje que alertaba al usuario de que había sido víctima de una falsificación. Que si “Usted podría ser víctima de una falsificación de software”, que si “Esta copia de Windows no es original”… El programa lo recuerda constantemente desde que se inicia el ordenador. Te apabulla y te atormenta. Hay tres maneras evidentes de desactivar el aviso de piratería. Una es desembolsando a Microsoft una importante suma de dinero por su maravilloso sistema operativo. Sin embargo, y después de un “largo periodo de prueba”, creo que pocos afectados en plena posesión de conocimientos informáticos, se dirigirán al distribuidor más cercano para hacerse con una copia legal de Windows.

Luego hay dos alternativas: una más pija y guay sería comprarse un Macintosh, y otra más de futuro, sería bajarse libre y gratuitamente una distribución de linux, por ejemplo Ubuntu, e instalarla ya sea machacando el sistema Windows o conviviendo con él.

Por otra parte ha salido a la venta, parece que con más pena que gloria, el nuevo Windows Vista. Un sistema vetusto, más restrictivo en cuanto a derechos de los usuarios, como por ejemplo el de libertad de copia (discutible pero necesaria), y que no aporta ninguna funcionalidad que no se hubiera implementado ya en otros sistemas operativos, salvo quizás alguna que otra pijada mora (patentada claro). Para disfrutar del flamante Windows Vista, parece que lo mejor es tirar la casa por la ventana y comprarse un nuevo ordenador.

Nunca he sido un fanático de linux, pero de un tiempo a esta parte he venido utilizándolo para acomodarme a lo que con toda probabilidad será el futuro en informática, y he de decir que a la larga uno agradece la experiencia, que aunque al principio duele, termina siendo mucho más agradable. Para quien lleve tiempo utilizando linux o mac os, todo lo anterior habrá sido un puro anécdota, algo que tomarse a risa. Para quien únicamente haya utilizado Windows, en cualquiera de sus versiones, le recomiendo que se informe sobre las demás posibilidades. La vida informática va tomando día a día más peso, tanto en nuestro trabajo como en nuestro ocio, y es cosa de todos decidir si queremos ser esclavos o usuarios libres en el acceso a la tecnología y la sociedad de la información.

el motorista fantasma

Alfonsete García no esperó a cumplir los dieciséis para empezar a pilotar la motocicleta de su abuelo. Era una pequeña scooter roja que chirriaba endiabladamente. Fue a un descampado a probarla hasta que, al cabo de pocos minutos dando vueltas en círculo, intentó hacer el caballito y se cayó. Como consecuencia de tan aparatosa caída, se abrasó un poco la cara contra la grava y se rompió un brazo. La moto se partió por la mitad. Más adelante estuvo trabajando durante varios meses como mozo de almacén, todo para poder comprarse finalmente la scooter de sus sueños, o la motiky, motito, motuky, o motiko, como a él le gustaba llamarlas. Y otra vez sucedió la desgracia. Nada más salir del concesionario, no se lo pensó dos veces y dio gas a fondo. Tan inconsciente era que se salió de la primera curva y se empotró contra una pared. Aunque fue una ostia considerable, las heridas no revistieron de gravedad, más allá de otros tantos rasguños en la cara que le dejaron hecho un muñeco siniestro. Ahí además de lastimarse su persona física, se lastimó también en su orgullo de intrépido corredor de ciclomotores. La moto quedó para el desguace municipal.

Tuvieron que pasar un par de años para que Sete, como le llamaban, empezara a recuperar la moral necesaria para volver a las motos. Gracias al maquillaje de su madre estaba algo más guapo. Se había tatuado una moto en la espina dorsal. También se afeitó una cenefa en la cabeza a modo de llamaradas. Sete era todo velocidad. A través de sus contactos en talleres y desguaces, logró hacerse con una auténtica Derbi Variant. El hecho de que la comprara a buen precio a un gitano, y que por lo tanto pudiera ser robada, poco le importaba ya. Esta vez sí, pudo pasearse triunfalmente por las calles más céntricas de su ciudad, con ese ciclomotor que rugía como una colmena de abejas asesinas. Un medio de locomoción ágil, implacable, eficaz. Y robusto, porque a pesar de su ligera apariencia aquella Variant aguantaría hasta un desastre nuclear. No tardó en colocarle diversas pegatinas de las catedrales del sonido, a las que iba a desfasar con sus amigos cada fin de semana. Tampoco faltaron las pegatas de fabricantes de carburante, marcas de tabaco, o del mismísimo Ghost Rider. Con el tiempo la Variant se convirtió casi en una extensión de si mismo. Pero no tenía suficiente. Así que la fue llevando a todos los amigos mecánicos que tenía para que la trucaran con modificaciones que sobrepasaban de mucho la legalidad vigente, siempre intentando romper todo límite de velocidad. Paulatinamente se iba gastando el poco dinero que ganaba en nuevas ampliaciones, hasta que logró una verdadera joya de ingeniería, una obra de orfebrería, una Derbi Variant tuneada hasta los dientes. Él amaba la velocidad y el riesgo, así que lejos de proteger su cuerpo cual motero experimentado, sencillamente llevaba un casco quitamultas, otramente llamado calimero, y una chaquetilla moderna con parches. Se había convertido en todo un peligro de la carretera, un temerario e inconsciente hijo de puta.

Un buen día, y de manera absurda, selló un pacto con el diablo para su carrera definitiva. Se adentró en la autopista y aceleró hasta alcanzar fácilmente los 200 km/h. Adelantaba a los demás vehículos de un modo vertiginoso, los cuales se veían sobrepasados por un ridículo ciclomotor a reacción. Sin que aquello le pareciera suficiente, llegó a hacer el caballito a 300 km/h. Rápidamente ardió en llamas, y su semblante feísimo se tornó cadavérico. Circuló así durante varios kilómetros, dejando una estela de fuego a su paso. Su sueño se había hecho realidad. Ya entonces fue cuando Satán decidió enviarlo directo al infierno. Alfonsete se machucó el cráneo contra una valla de hormigón armado. Su Derbi Variant quedó intacta. En el punto donde Alfonsete montó en moto por última vez, la goma quemada en el asfalto había dibujado le efigie del Ghost Rider, que quedó imborrable para siempre. Así se forjó la leyenda. Desde entonces, Dios viaja en una Derbi Variant.

sonido espeluznante de mákina

No soy un amante de la música mákina, nunca lo he sido. Tal vez en algún breve lapso de tiempo durante mi tierna adolescencia caí en la tentación, pero logré salir de ese pozo. Tal vez con la única excepción de Paco Pil y Chimo Bayo, que son dos célebres pinchadiscos y referentes chanantes para todos los tunantes. El caso es que la semana pasada salimos de fiesta, y al chauffer le dio por poner varios discos de mákina antigua durante el largo trayecto. Reconozco que me produjo cierta nostalgia escuchar aquellas melodías machaconas que sonaban antaño en autocares escolares y festivales de fin de curso. Por eso, estos días me hice con unos cuantos discos de makineta de los 90, lo más contundente que sonaba en las discotecas de la época. Más que ser masoca, lo que intento a menudo es escuchar diversos tipos de música, por más que algunos estilos nunca me han terminado de convencer, como por ejemplo el country, la ópera, o la misma mákina. Después de unos cuantos minutos de atenta escucha, no pude sino eliminar de inmediato todas aquellas canciones esperpénticas, que me evocaban montonadas de killos cenizos y retromongoles bailando en las catedrales del sonido.

confesiones de carnaval

Recuerdo como en mi tierna infancia cada año me disfrazaba de algo. De arlequín, de marciano, de brujo, de tortuga ninja (un clásico), de Wally (los simpáticos profesores nos tuvieron dos mañanas pintando rallas rojas con un rotulador permanente sobre camisetillas blancas), de monstruo, de viejo, y otros disfraces que ya no alcanzo a recordar.

Hace ya unos cuantos años me disfracé de berenjena. Era algo bastante conceptual, tanto que tenía que explicarlo a la gente. Me teñí el pelo de verde hasta las cejas, y pinté con ceras unas enredaderas de las que brotaba una berenjena en cada mejilla. Lo curioso es que además mis amigos se disfrazaron los cuatro de zombies, con ropa vieja, rasgada y sucia, el pelo hecho una mierda, se pintaron sangre con una pintura especial, se maquillaron con latex, ceras y de todo hasta parecer una desgracia humana. “-Y tú, de verdad no quieres disfrazarte de zombie? – me preguntaban mientras se creaban tan aparatoso disfraz. -No gracias, yo seré el hombre berenjena.” Me parece que esa misma noche fuimos a una de esas fiestas que se montan por carnaval, y allí había un tío cuarentón y chaparro vestido como de María Antonieta, con colorete en las mejillas y todo, que iba bailando mientras se abanicaba. Estábamos por allí riéndonos nosotros cuando va el tío y, horror de los horrores, me guiña un ojo. Aquella imagen nauseabunda me perturbó por momentos.

A pesar de todo, esto hace que me venga a la memoria una vez en que de pequeño -igual tendría cuatro o cinco años-, me puse un tutú ridículo y diminuto que encontré en el trastero de mi abuela. Era un niño de la coña marinera y no imaginaba las implicaciones que aquello podía tener. Mi padre cuando me vio se quedó a cuadros, no sabía que cara poner. En el fondo debía tener miedo de que me volviera sarasa. La cosa no ha seguido por esos derroteros, todo quedó como un simple anécdota, pero bueno que tampoco hubiera pasado nada, que parece que todavía estemos en la edad media en según que temas. Por ejemplo: todavía seguimos celebrando el carnaval.

una calçotada rupestre

El olor a calçot me persigue desde la calçotada que hicimos el sábado con los amigos en un pueblo remoto de la Conca de Barberà. Fue un ritual privado en que esos siete magníficos nos atiborramos de esas cebollas alargadas que se cultivan sabiamente en Catalunya desde hace más de un siglo.

Primero fue un show el prepararlos: cortando las hojas y raíces con las herramientas rudimentarias de que disponíamos en aquel local. Después ya disponíamos de medio bidón, cortado longitudinalmente, una parrilla importante y abundante madera para que un fuego generoso asara los calçots, vuelta y vuelta, esperar a que sudaran, y a envolverlos en papel de periódico para ser posteriormente devorados. Sólo nos falló la salsa que era de bote, y ya se sabe que para el romesco de los calçots no hay nada como seguir la receta tradicional.

La parsimonia del anfitrión, junto con el poco espíritu de cooperación del resto, hizo que empezáramos a comer pasadas las cinco de la tarde. El palmense, que no había ni oído hablar de ellos en su vida, se chupaba los dedos con aquel descubrimiento. Luego quedamos medio atontados, y ante la duda sobre si empezar a hacer la carne o no, nos pusimos a jugar a la botifarra y al trivial, previa limpieza general de la mesa y de nuestras manos carbonizadas. Más tarde, ya anocheciendo, preparamos la carne en las brasas que todavía quedaban. Su lenta cocción dio paso a un festín dantesco en que las piezas de pollo, cordero y longaniza desaparecieron en pocos minutos. Para terminar, unas pastas de repostería barata que alguien elevó a la categoría de cocina de autor, prueba inequívoca del nivel de glotonería que había en aquellos momentos. Fue, en resumen, una merienda-cena totalmente rupestre e improvisada.

Entrada la noche, nos cambiamos de ropa para ponernos nuestras mejores galas y dirigirnos a Mollerussa, concretamente a la discoteca Big Ben. Sería la guinda a todo un día de jarana en las montañas. La traca final la pusieron los calçots, con esas flatulencias considerables que suelen provocar y que todos sufrimos en mayor o menos medida. Y sino que se lo pregunten al bueno de Joserra. Una vez en Big Ben pues bién. Para quien no haya estado, decir solamente que es una macro discoteca acojonante con diversas salas, que el sitio está muy bien la verdad, pero que no hace falta irse tan lejos para más de los mismo. Por último decir que desafortunadamente nadie de nosotros ligó aquella noche; seguramente sería por el olor a calçot.

lavabos de discotecas

He leído hoy en el periódico que los inspectores municipales y agentes de la Guardia Urbana sancionan por la falta de higiene de los servicios de bares y discotecas. Si estos se encuentran escandalosamente guarros se puede llegar incluso al cierre preventivo del local. Bares hay de todos tipos, pero para el caso de las discotecas la higiene siempre brilla por su ausencia. Me ha hecho gracia la noticia, porque nunca se me hubiese ocurrido a mí quejarme de algo tan typical Spanish que no parece tener solución alguna. Es la suciedad endémica e irremediable causada por hordas de borrachos incívicos durante las noches de fiesta.

Así en el suelo del servicio se va formando una capa de orina cuyo nivel va in crescendo. El váter cobra vida. Y es característico encontrar alrededor de la cisterna algunos vasos de cubata repletos de colillas, flotando en aquel líquido amarillento que los borrachos se encargan de rellenar a la vez que afinan su maltrecha puntería. Como muchas veces no hay ventilación, el ambiente insalubre se va recargando a lo largo de la noche. Encima es del todo habitual que ya no pongan ni jabón ni papel. Tampoco hay pestillo en las puertas. Por si fuera poco, en los retretes públicos a menudo tienen lugar guarrerías españolas, e intercambios o evacuación de fluidos y otras sustancias. Es un festival. Quien tenga que limpiar todo aquello la mañana siguiente merece una condecoración.

Para terminar, un pequeño anécdota que también es pa’ cagarse. Recuerdo una ocasión en que, estando de fiesta, a un amigo le dio un retortijón y desapareció. Cuando volvió de hacer sus necesidades nos confesó que no había papel. Creo que no bailó más en toda la noche.

The Toasters en Tarragona

El pasado sábado por la noche acudimos a un concierto en Tarragona de la mítica banda de ska The Toasters. El ska es música puramente para bailar, no como lo que ponen hoy en día en las discotecas. Originario de Jamaica, más tarde popularizado en Inglaterra, y finalmente expandido por el resto del mundo durante la última década del siglo veintiuno, es un estilo que se rige por la máxima: “Mueve la pierna, mueve el pie, mueve la tibia y el peroné”. No conozco a nadie que no sepa bailar ska, o que por lo menos no se agite al escuchar sus compases. Como dice la canción: no todo el mundo puede hacer el twist, pero el ska es un baile al que no te puedes resistir. Hasta los muertos se ponen a skakear cuando lo escuchan. El ska no es música para escuchar tranquilamente en el sofá de casa, sino más bien para bailarlo atolondradamente en un concierto. Hay varios grupos emblemáticos de ska: están los Skatalites, considerados los padres del ska, con un estilo cercano al jazz, The Specials, que dieron un tono más alegre al género bajo el mítico sello de Two Tone, y otros más recientes en el panorama estatal como Skalariak o Dr. Calypso, por mencionar sólo algunos.

El concierto, en la sala Zero de Tarragona, empezaba sobre las 23 horas. Daba la impresión de que, para recibir a un grupo tan carismático como The Toasters, una sala de tan modestas dimensiones tenía que acabar llena hasta la bandera, y así ocurrió. Paulatinamente fue llenándose el sitio de hippies, algunos punkies, y olor a marihuana. Entonces salieron a escena los brasileños Fireburg como teloneros. Una banda de ska-reggae y ritmos jamaicanos con un toque de samba. Si bien no despertaron pasiones, hicieron que algunos comenzáramos a mover la maquinaria, y ayudaron a caldear el ambiente para lo que se avecinaba. Se despidieron versionando varios temas clásicos del ska que hicieron las delicias del respetable.

Y a continuación vino el plato fuerte de la noche. The Toasters son un grupo formado en Nueva York a principios de los años ochenta. Robert Hingley, cantante, guitarrista y uno de sus fundadores, es el único miembro que continúa en sus filas. Son conocidos como los precursores del ska en los Estados Unidos, así como por ser el grupo de ska más longevo del país. Desde luego también es una de las bandas que goza de mayor reconocimiento en todo el mundo. La formación está compuesta en la actualidad por Robert “Bucket” Hingley, cantante principal y guitarrista, Jason “Jah-Son” Nwagbaraocha al bajo y voces, Dave Barry al teclado, Larry “Ace” Snell a la batería, Jeff Richey al saxofón y Chris Rhodes al trombón. Fue una actuación de hora y media, durante la cual nos deleitaron con: Shocker, I’m running right through the world, una versión de Lowrider, Two Tone Army, Weekend in L.A., Decision at midnight, Don’t let the bastards grind you down, Dub56, East side beat, Pool shark, Mat Davis y I wasn’t gonna call you anyway, grandes clásicos que combinaron junto con otros temas de sus trabajos más recientes.

La ventaja de tenerlos actuando en una sala tan pequeña es que pudimos estar dos palmos del escenario presenciando esos mitos vivientes. Lo malo es que de tanta gente que había no se podía ni bailar un chotis, y eso fue una decepción ante un concierto de tales características. Afortunadamente no hubo grandes agitaciones de masas a ritmo de ska, como suele ocurrir en estos casos, porque había la conciencia de que una situación así hacía que muchos cayéramos encima del escenario como fichas de domino. Con todo, y a pesar del ambiente tan cerrado, resultó un concierto que valío la pena para todo amante del ska y seguidor de The Toasters.

la sindicación y Google Reader

Nada nuevo bajo el sol. Lo de la sindicación de noticias en Internet se lleva haciendo hace ya como siete u ocho años, pero todavía hay mucha gente que desconoce de que se trata, o que no es consciente de su potencial. Los más adictos ya lo conocen, así pues quisiera comentarlo para los aún neófitos. La cosa consiste en reunir toda la información de distintas webs en un mismo programa, desde el cual se va actualizando a medida que se generan nuevas noticias o entradas. Éstas llegan en forma de titulares, fragmentos de noticia, o artículos completos, según esté configurada cada web. Digamos que si el webmaster, blogger o lo que sea, se enrolla, configurará su feed para facilitarnos artículos completos y que no tengamos que tomaros la molestia de visitar su página para terminar de leer aquella entrada. Por ejemplo, varios periódicos sólo ofrecen titulares o fragmentos de sus noticias, así que si quieres leerla el mismo día no hay problema, pero si consultas una noticia de hace días te puedes encontrar con que la hayan retirado o sea un servicio de pago.

La mayoría de los sitios de noticias y bitácoras llevan asociado un feed, que normalmente es del tipo RSS. Un feed es un palabro que viene del inglés y significa alimentar, pero en palabras más entendedoras sería la dirección de enganche a través de la cual se obtiene la información que va a parar al programa agregador. El RSS es una tecnología cuyas siglas significan Sindicación Realmente Simple, y es la que emplean la mayoría de páginas con sindicación. No hace falta decir, llegados a este punto, que no todas las webs disponen de sindicación de contenidos, sólo algunos sitios de notícias y habitualmente los blogs, que quede claro. Y los agregadores son los programas a través de los cuales leemos la información. Estos pueden ser programas instalados en nuestro ordenador o aplicaciones que funcionan desde webs especializadas. Creo que consultarlo desde la web es siempre más cómodo, igual como sucede con el correo electrónico. De cualquier forma, siempre es mejor que tener que visitar uno a uno todos nuestros blogs favoritos sin saber si habrán colgado alguna novedad.

Yo personalmente utilizo Google Reader, que es una maravilla aunque esté todavía en fase de pruebas. Es el agregador web del que dispones cuando tienes una cuenta en Google, de Gmail por ejemplo. Es un agregador muy cuco, como todo lo que hacen ellos, y muy práctico también. Permite organizar los feeds por carpetas, renombrarlos, ver las entradas sólo por titulares o enteras si es posible, compartir tus feeds, utilizarlo desde el móvil (desde el mío arcaico no pero bueno…), importar suscripciones, manejarlo mediante unas pocas teclas, etc. Nada que no hagan otros programas ya existentes. Y de hecho ya existían otros servicios agregadores en línea, algunos de bastante fama. La gran ventaja respecto a ellos que presenta Google Reader es que si ya tienes una cuenta en Google pues por lo menos te ahorras tener que ir registrándote en otros sitios, con el engorro que esto supone a la larga. Además no lleva publicidad, de momento. La desventaja es que probablemente Google conocerá mejor nuestras preferencias, uh que miedo… En cualquier caso, recomiendo a todo el mundo que tenga Gmail y visite asiduamente varios blogs que lo pruebe.

Volviendo al tema de la sindicación en general, no todo son comodidades para simplificar nuestra vida. Algo que puede resultar tan práctico como los agregadores también puede acabar convirtiéndose en una trampa mortal. Es muy fácil coger y ponerse a añadir feeds a nuestro agregador de cada nuevo blog o portal de noticias que nos hace gracia o que nos resulta interesante, pero entonces viene lo malo, que no tenemos tiempo para leer, y mucho menos asimilar, tanta información. Negativamente pueden pasar dos cosas. Una es que el sitio en cuestión no pare de sacar nuevas entradas. Por ejemplo, mi experiencia me dice que te puedes morir si añades feeds de periódicos, porque generan titulares a mansalva, y nada más que tardes un par de días en consultar el agregador, luego te puedes encontrar a lo mejor trescientos nuevos titulares de una sola fuente y eso es algo muy latoso cuando tienes poco tiempo para ello. A mi me gusta estar informado pero no puedo tragarme los periódicos de una semana en veinte minutos. Otra cosa que pasa es que por ejemplo tengamos agregado un blog, y al o a la blogger se le vaya la perola y empiece a escribir sobre cosas que no nos van lo más mínimo, abandonando así la línea temática que nos enganchó. Claro, entonces llega un momento en que lo seguimos leyendo sin saber muy bien porque. Luego tenemos dos opciones: pasarnos el día leyendo noticias y siguiendo nuevos blogs, o seleccionar aquellos que verdaderamente nos interesen y eliminar el resto.

Para terminar, un miniconsejo para los despistados: si un blog realmente os gusta no lo visitéis, enchufadlo a vuestro agregador.

exámenes y tribulaciones mías

Hoy terminé el último examen del semestre. La cosa en general ha ido regular tirando a mal. Tendría que alegrarme porque finalizó otro agónico periodo de avaluación, sin embargo un par de notas dolorosas hacen que la alegría se tiña de color marrón. Es como salir airoso de una guerra, pero un poco mutilado. Me embarga una sensación extraña por el hecho de tener tanto tiempo libre a partir de ahora. Después de un mes desde que acabaron las clases, mi metabolismo se había acostumbrado a vivir delante de apuntes, comer, dormir, ponerse de los nervios, procrastinar, comer poco, comer mucho, rendir a ratos, mirar el calendario, hacer mil horarios, tachar días, tirarse de los pelos, y todo eso. Ha habido exámenes aprobados inusitadamente y exámenes previsiblemente infernales. Ahora toca tranquilidad, descanso, y reproches por no haber estudiado diez mil horas más. Hasta que llegue otro semestre aciago con más de lo mismo.

morro, jeta y caradura

Lectores, fieles seguidores que os contáis por miles, o tres o cuatro:

Siguiendo la tradición de algunos grandes mendicantes de Internet, los cuales se hicieron famosos, ricos, o consiguieron su objetivo con el mínimo esfuerzo y a través de la colaboración incomprensible de la gente, me he propuesto hacer algunas modestas peticiones, por si algún milagro hubiera de sucederme a mí. Ya sé que pasaron los Reyes Magos hace días, pero por pedir que no quede. Quizás si hubiera algún buen filántropo, alma caritativa o feligrés generoso… Bueno, ahí van:

* Cambio una chincheta por un piso.
* Quiero una caja de refrescos Plim.
* Que me otorguen una subvención de la Generalitat, el Ministerio de Cultura, o la UE.
* Donativos anónimos, o no anónimos, me da igual.
* Una reseña o entrevista en algún medio, en condición de blogger experto.
* Una musa para que me inspire, y lo que surja.
* Que me ofrezcan un trabajo como escritor, guionista, crítico, negro, etc.
* Un portátil de regalo, o cualquier otro producto, para que escriba positivamente sobre él.

Absténganse contestaciones del tipo:
“A ti no te daría ni los buenos días, so cretino”.

Gracias

premios 20blogs II

Parece que esta semana se abrieron las votaciones para la segunda edición de los prestigiosos Premios 20 Blogs, “el concurso internacional de bitácoras más importante en español”, según ellos mismos. Paseando por la blogocosa me encuentro muchas bitácoras con el enlace hacia el concurso de marras. También suelen anunciar su participación en alguna entrada, añadiendo que no ganarán porque hay muchos blogs mejores que el suyo. Yo, como realmente lo creía, no me presenté. Quiero pensar que hacen alguna selección previa porque veo que se presenta todo cristo, lo llego a saber… Hay mucho mamoneo también, pero bueno es como en todo. Y me parece muy bien que se promuevan los blogs, no voy a decir lo contrario. Espero que gane quien se lo merezca, y no sólo quien tenga una plétora de hooligans votando cada día, que ya son ganas. Es cierto el tópico de que quien escribe una bitácora es, o se vuelve, egocéntrico en mayor o menor medida. Lo he visto en muchos, y lo he notado en mí, en mi blog, en mi tesoro. Así que si soléis leer a algún blogger que se cree el centro del mundo, se hace autobombo, os pide vuestro voto, comentarios y demás, dadle una patada en el culo, o aceptadlo tal y como es.

mis primeros discos

Hoy en día ya no se estila lo de comprar discos, pero cuando yo era más joven era algo bastante frecuente. Así que voy a recordar los que fueron mis primeros discos. Reconozco de antemano que no tenía mucho criterio, pero esos discos que me regalaban, junto con algunos programas musicales en la radio, fueron mis inicios en este vasto mundo de la música.

El primero de ellos creo que cayó cuando yo tendría unos doce años. Era un disco de rock català, el Brut Natural de Els Pets (los pedos en castellano). Era bastante mítico este disco, creo que lo escuché hasta la saciedad, y no sólo porque no tuviera otro, que también, sino además porque tenía canciones bastante buenas. Creo que todavía lo conservo, aunque criando polvo en alguna estantería. Por aquella época el rock catalán estaba de moda, en Catalunya claro. Els Pets eran el grupo de más relevancia dentro de este género, y de hecho he de decir que siguen siendo un buen grupo. Yo incluso llevé una camiseta suya con el lema Fruits Sex –nombre de uno de sus álbumes-, que no es que fuera un incondicional pero me la habían regalado. Luego tuve una amiga que era super fans de Els Pets e iba a todos sus conciertos. Y un primo mío era un apasionado de la música en catalán, hasta el punto de ir por allí con una bolsa de supermercado llena de casetes de todos los grupos y pilas para el walkman. Incluso participaba en algún programa de radio sobre el tema; hoy en día es un Fernandisco a la catalana. Ya no escucho prácticamente nada de este género autóctono, con la excepción de algún grande como la Companyia Elèctrica Dharma.

Poco tiempo después me regalaron un disco de música makina, nada menos que el Bombazo Mix. Aquello era dinamita pa los pollos. Yo era muy joven, no me lo tengáis en cuenta. En la portada aparecía un falso Aznar, cuando todavía no era presidente, escuchando música con unos cascos. Corría el año ocho antes de Iraq, ya tiene guasa que estuviera Aznar en un álbum titulado bombazo. Fue, por suerte, el único disco que tuve de este género. En él se encontraban como canciones más destacadas el himno Cherry Coke, y versiones de American Pie y Take on me. La última vez que lo vi, recuerdo que guardé cariñosamente los compactos en una bobina para cds, tiré el libreto a la basura, y reutilicé la caja.

Más tarde llegó el tercero, el Ballbreaker de AC/DC. Este era un disco en condiciones. Lo escuché tanto en aquellos tiempos que no lo he vuelto a escuchar más. Entonces ya empecé a aficionarme más a esto de la música. Me hice fans de AC/DC, llevaba alguna camisetilla del grupo y me los ponía por ahí en el walkman. Yo lo flipaba con esa voz estridente y esas guitarras rocanroleras haciendo solos interminables, ese sonido potente, esas letras gamberras. Era un no parar de rocanrolear. Así descubrí el rock n’ roll. Y luego vendrían muchos otros grupos: más heavies, más radicales, más poperos, más oscuros, más clásicos, más modernos,… Hasta hoy. Y los grupos que me quedan todavía por descubrir, álbumes que escuchar, conciertos a los que ir, …

directo a la basura

Hoy he tirado a la basura un envoltorio de galletas, huesos de codorniz, piel de kiwi, el envase de un yogur y varios pañuelos de papel usados. También han ido a la papelera varios folios llenos de anotaciones y garabatos, documentos no utilizados en mi escritorio y algunos posts descarriados del blog. El año dejado atrás ha seguido la misma suerte. Espero que se note un poco la limpieza. Ojalá algo de esto se pueda reciclar.

« Previous PageNext Page »


Archivo del blog

Categorías del blog